"¡Viva, Cristo Rey!" era el grito de batalla de los Cristeros durante la Guerra Cristera en México, que tuvo lugar de 1926 a 1929. Este conflicto fue un período significativo en la historia de México e involucró una lucha violenta entre el gobierno y los rebeldes católicos.
La Guerra Cristera condujo a una serie de reformas y cambios en México, incluyendo esfuerzos para separar a la Iglesia Católica del estado. El gobierno de la época había implementado una serie de medidas anticatólicas. Estas medidas tenían como objetivo restringir la influencia y las actividades de la Iglesia Católica en México, incluyendo el cierre de iglesias y la expulsión de clérigos extranjeros.
En respuesta a estas medidas, muchos católicos, incluyendo campesinos y otros ciudadanos comunes, tomaron las armas para defender su fe y libertad religiosa. Se les conoció como Cristeros, y "¡Viva, Cristo Rey!" (¡Viva Cristo Rey!) se convirtió en su grito de batalla y expresión de desafío contra las políticas anticatólicas del gobierno.
El Beato Miguel Agustín Pro, un sacerdote jesuita mexicano, jugó un papel significativo en el apoyo a los Cristeros a través de su ministerio clandestino. Ayudó a proporcionar apoyo espiritual y material a quienes luchaban por la libertad religiosa. Sus últimas palabras fueron "¡Viva Cristo Rey!" mientras enfrentaba la ejecución por un pelotón de fusilamiento, y se han convertido en un símbolo de coraje y fe para los católicos en México y más allá.
La guerra terminó en 1929 con un acuerdo de paz que permitió una mayor libertad religiosa en México. Sin embargo, las tensiones entre el estado y la Iglesia Católica continuaron durante muchos años, y no fue hasta la década de 1990 que el gobierno mexicano reconoció formalmente el estatus legal de la Iglesia Católica.
La Guerra Cristera sigue siendo un capítulo importante en la historia de México, destacando la lucha por la libertad religiosa y la fe inquebrantable de aquellos que estaban dispuestos a sacrificarse por sus creencias.
El mensaje de "¡Viva, Cristo Rey!" y la valiente resistencia de los Cristeros encuentra resonancia en la fiesta dominical de la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo. Esta fiesta, celebrada el último domingo del año litúrgico, enfatiza el reinado y la soberanía de Cristo sobre toda la creación.
En la lectura del Evangelio según Mateo, Jesús habla del juicio final cuando el Hijo del Hombre vendrá en gloria y separará a los justos de los injustos basándose en sus actos de misericordia y amor. El famoso pasaje de las "ovejas y los cabritos" nos recuerda que Cristo es el juez supremo, y la forma en que tratamos a nuestros semejantes refleja nuestra respuesta a Su reinado. El llamado a servir y cuidar a los más pequeños de nuestros hermanos y hermanas resuena con el grito de los Cristeros de "¡Viva, Cristo Rey!" mientras defendían su fe y luchaban por la justicia.
La lectura destaca la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte y Su triunfo final. Cristo es descrito como aquel que pondrá todas las cosas bajo Sus pies, incluso la muerte misma. Este pasaje subraya el dominio universal de Cristo como Rey del Universo y Su papel en la restauración y reconciliación de todas las cosas.
A la luz de estas lecturas, la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, nos invita a reflexionar sobre la naturaleza del reinado de Cristo. Es un reinado enraizado en el amor, la misericordia y la justicia, como se demuestra en Sus enseñanzas y acciones. Así como los Cristeros defendieron el reinado de Cristo en medio de la adversidad, estamos llamados a reconocer Su soberanía en nuestras vidas y responder con actos de amor y servicio a los demás, cumpliendo el mensaje del Evangelio y abrazando a Cristo como nuestro Rey y Pastor.
¡VIVA CRISTO REY!











