El Sábado Santo, el mundo se detiene.
El ruido del Viernes Santo se ha desvanecido—los gritos, el martilleo de los clavos, la tierra que tiembla. Y sin embargo, la alegría de la mañana de Pascua aún no ha llegado. Nos encontramos en medio, en un espacio de silencio, dolor y espera.
La tumba está sellada. El cuerpo de Cristo reposa. Los discípulos están dispersos, sus corazones cargados de dolor y confusión. Y María, su madre, se aferra al último hilo de fe en las promesas pronunciadas.
Este día es silencioso, pero no está vacío.
El Sábado Santo es un día de santa espera, cuando toda la creación contiene el aliento. Nos invita al misterio del silencio de Dios—no como abandono, sino como la quietud sagrada que precede a la resurrección. En ese silencio, Dios está obrando. En los lugares ocultos, en la oscuridad de la tumba, el amor se está preparando para resurgir.
Con demasiada frecuencia, corremos hacia la Pascua. Queremos los lirios y los aleluyas. Pero hay algo esencial en el Sábado Santo: refleja nuestras propias temporadas de duelo, incertidumbre y anhelo. Nosotros también vivimos momentos en los que Dios parece callado, cuando la esperanza parece enterrada, y el futuro es incierto.
Sin embargo, el Sábado Santo nos recuerda: incluso cuando no lo podemos ver, la resurrección viene en camino.
Cristo desciende a lo profundo—para llevar luz a los muertos, romper las cadenas del pecado y redimir cada momento de nuestra espera. Hoy es el triunfo silencioso del amor sobre la muerte. Una victoria callada que prepara el amanecer.
Así que esperamos. Pero no con desesperación. Esperamos con fe.
Nos sentamos junto a la tumba, confiando en que lo que parece sin vida un día resucitará.
Que cada dolor un día será transfigurado. Y que incluso en el silencio, Dios está cerca.
Al vivir este día esperando el amanecer de la Pascua, considera:
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¿Qué áreas de tu vida se sienten como un “Sábado Santo”—silenciosas, inciertas o enterradas en el dolor?
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¿Cómo puedes mantener la esperanza y confiar en la obra de Dios, incluso en el silencio?
Que la quietud de este Sábado Santo profundice tu confianza en el Dios que obra maravillas en el silencio.
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