Hoy, al recibir las cenizas en nuestra frente, escuchamos las palabras: “Conviértanse y crean en el Evangelio”, o “Recuerda que eres polvo y al polvo volverás.” Estas palabras no están destinadas a desanimarnos, sino a recordarnos la fugacidad de esta vida y la importancia eterna de nuestra relación con Dios.
Las lecturas de hoy marcan el inicio de nuestro camino cuaresmal. El profeta Joel nos llama a volver al Señor con todo el corazón, no solo con señales externas de arrepentimiento, sino con una verdadera conversión interior: “Desgarren su corazón, no sus vestiduras.” Es una invitación personal de Dios, un llamado a mirar dentro de nosotros, reconocer dónde nos hemos alejado y volver a Él con sinceridad.
San Pablo, en su carta a los Corintios, nos dice que ahora es el momento oportuno para reconciliarnos con Dios. Nos recuerda que Cristo tomó sobre sí nuestros pecados para que pudiéramos ser restaurados a la justicia. No hay necesidad de esperar el momento perfecto; hoy—este mismo instante—es el día para volver a Dios.
Jesús, en el Evangelio de Mateo, nos advierte contra las expresiones externas de fe que buscan la aprobación de los demás. Nos llama a una fe que sea auténtica, personal y enraizada en nuestra relación con el Padre. Nuestro ayuno, oración y limosna no deben ser actos para aparentar santidad, sino oportunidades para permitir que Dios transforme nuestro corazón en lo más profundo y oculto de nuestra alma.
La Cuaresma es un viaje—no de apariencia externa, sino de renovación interior. Es un tiempo para dejar de lado distracciones y hacer espacio para que Dios obre en nosotros. Al comenzar esta temporada sagrada, establezcamos tres metas realistas para guiar nuestro camino cuaresmal:
Tres Metas para la Cuaresma
1. Profundizar la Oración de Manera Personal
• Dedica un tiempo intencional cada día para la oración en silencio, ya sea en la mañana, durante el almuerzo o antes de dormir.
• Lee un pasaje de la Escritura diariamente, tal vez reflexionando sobre los Salmos o los Evangelios.
• Ora por alguien en particular cada día, especialmente por aquellos que necesitan sanación o reconciliación.
2. Ayunar con Propósito
• Identifica un hábito o apego que te aleje de Dios y comprométete a ayunar de ello.
• Evita distracciones como el uso excesivo de redes sociales, el chisme o el consumo de entretenimiento poco saludable.
• En lugar de solo renunciar a algo, sustitúyelo con algo que fortalezca tu fe—pasar más tiempo con la familia, hacer voluntariado o practicar la gratitud.
3. Practicar la Limosna con un Corazón Generoso
• Busca formas de servir a los demás de manera significativa—ayudar a un vecino, apoyar una causa benéfica o simplemente estar presente para alguien que sufre.
• En lugar de solo donar dinero, ofrece tu tiempo y atención a aquellos que se sienten olvidados.
• Realiza pequeños actos de bondad diariamente, ofreciéndolos como un regalo a Dios.
Al comenzar esta temporada de gracia, volvamos verdaderamente al Señor con todo nuestro corazón. Que nuestra oración, ayuno y limosna no sean meras rutinas, sino actos de amor que nos acerquen más a Dios y a los demás.
Que esta Cuaresma sea un tiempo de renovación, sanación y fe más profunda.
Amén.

No comments:
Post a Comment