Friday, February 21, 2025

El camino de un diácono: del ministerio carcelario a la capellanía de hospicio


Reflexionando sobre mi camino como diácono, me conmueve profundamente cómo Dios me ha guiado a través de diversos ministerios, cada uno moldeando mi entendimiento de la compasión, la misericordia y el servicio. Mis experiencias en el ministerio carcelario, seguidas por mi actual papel como capellán de hospicio, me han iluminado, profundizando mi comprensión de la gracia extraordinaria que obra en las circunstancias más difíciles. Estas experiencias resuenan maravillosamente con las lecturas del Séptimo Domingo del Tiempo Ordinario: 1 Samuel 26,2.7-9.12-13.22-23; 1 Corintios 15,45-49; y Lucas 6,27-38.

Durante mi tiempo en el ministerio carcelario, me encontré con personas que la sociedad a menudo considera indignas de perdón; sin embargo, dentro de esos muros, hallé un increíble anhelo de redención y comprensión. Al igual que David en la primera lectura, quien mostró misericordia hacia Saúl a pesar de que éste buscaba dañarlo (1 Samuel 26), aprendí a ver más allá de las acciones y a contemplar los corazones de quienes están encarcelados. La negativa de David a hacer daño a Saúl, incluso cuando tuvo la oportunidad, habla profundamente sobre la misericordia que Dios nos llama a extender hacia los demás, especialmente hacia aquellos que podríamos considerar adversarios o no merecedores. En mi ministerio, este pasaje cobró vida vívidamente, enseñándome la importancia de la compasión por encima del juicio.

De manera similar, al pasar a mi rol actual como capellán de hospicio, he experimentado otra dimensión de la gracia de Dios. Caminando junto a personas que se acercan al final de su vida terrenal, mi ministerio se trata de ayudarles a ellos y a sus familias a encontrar cierre espiritual y emocional. Esto resuena con el mensaje de Pablo en su carta a los Corintios, donde contrasta lo terrenal con lo espiritual, lo natural con lo celestial (1 Corintios 15,45-49). En el ministerio de hospicio, esta tensión es muy real; nuestra existencia terrenal se encuentra con el umbral de la eternidad. Mi función es guiar suavemente a las familias y a los individuos a través de esta transición sagrada, reconociendo el dolor y la pérdida terrenales, mientras celebramos la profunda esperanza y paz que se encuentran en Cristo, el “espíritu que da vida

Sobre todo, mi camino como diácono es continuamente moldeado por el llamado radical de Cristo al amor y al perdón presentado en el Evangelio de Lucas (6,27-38). Jesús nos manda: “Amen a sus enemigos, hagan bien a los que los odian,” y “sean misericordiosos, así como su Padre es misericordioso”. Esta escritura resuena profundamente en ambos ministerios, tanto en la prisión como en el hospicio. Me desafía diariamente a extender amor y perdón sin medida, reflejando la generosidad ilimitada de Dios. Las palabras de Jesús, “Den, y se les dará,” me recuerdan que al dar misericordia y amor, especialmente en situaciones donde puede parecer inmerecido o difícil, estoy participando en la generosidad divina de Dios, recibiendo a cambio una gracia abundante.

A través de estos ministerios, he llegado a comprender que ser diácono no es meramente un título, sino una profunda vocación para encarnar las enseñanzas de Cristo en formas tangibles y a menudo desafiantes. Ya sea ofreciendo esperanza dentro de los muros de la prisión o consuelo en el umbral final de la vida, este camino continúa enseñándome que nuestro mayor llamado es amar incondicionalmente, perdonar generosamente y servir humildemente, tal como Cristo nos enseñó. ¡Que tengan una bendecida semana! Oren por mí, como yo siempre estaré orando por todos ustedes.
         Diácono Eloy

A Deacon's Journey: From Prison Ministry to Hospice Chaplaincy

 


Reflecting on my journey as a deacon, I am deeply moved by the ways God has guided me through varied ministries, each shaping my understanding of compassion, mercy, and service. My experiences in prison ministry, followed by my current role as a hospice chaplain, have enlightened me, deepening my understanding of the extraordinary grace at work in the most challenging circumstances. These experiences echo beautifully with the readings from the Seventh Sunday in Ordinary Time: 1 Samuel 26:2, 7-9, 12-13, 22-23; 1 Corinthians 15:45-49; and Luke 6:27-38.

In my time doing prison ministry, I encountered individuals often viewed by society as unworthy of forgiveness, yet within those walls, I found an incredible yearning for redemption and understanding. Much like David in the first reading, who showed mercy to Saul despite Saul seeking to harm him (1 Samuel 26), I learned to see beyond actions to the hearts of those imprisoned. David's refusal to harm Saul, even when given the opportunity, speaks deeply to the mercy God calls us to extend to others, especially those we might consider adversaries or undeserving. In my ministry, this passage became vividly alive, teaching me the importance of compassion over judgment.

Similarly, as I transitioned into my role as a hospice chaplain, I experienced another dimension of God's grace. Walking alongside individuals nearing the end of their earthly lives, my ministry is about helping them and their families find spiritual and emotional closure. This echoes the message in Paul's letter to the Corinthians, where he contrasts the earthly and the spiritual, the natural and the heavenly (1 Corinthians 15:45-49). In hospice ministry, this tension is very real; our earthly existence meets the threshold of eternity. My role is to gently guide families and individuals through this sacred transition, acknowledging the earthly pain and loss while celebrating the deep hope and peace found in Christ, the "life-giving spirit."

Above all, my journey as a deacon is continuously shaped by Christ's radical call to love and forgiveness as presented in the Gospel of Luke (6:27-38). Jesus commands us to "love your enemies, do good to those who hate you," and "be merciful, just as your Father is merciful." This scripture resonates deeply in both prison and hospice ministries. It challenges me daily to extend love and forgiveness without measure, mirroring the boundless generosity of God. Jesus' words, "Give, and gifts will be given to you," remind me that in giving mercy and love, especially in situations where it may feel undeserved or difficult, I am participating in God's divine generosity, receiving abundant grace in return.

Through these ministries, I have come to understand that being a deacon is not merely a title but a deep vocation to embody Christ's teachings in tangible, often challenging ways. Whether offering hope within prison walls or comfort at life's final threshold, this journey continues to teach me that our greatest calling is to love unconditionally, forgive generously, and serve humbly, just as Christ taught us.  Have a Blessed Week!  Pray for me as I will always be praying for all of you! 

- Deacon Eloy 








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